Miguel Camps Cardell, mi padre

(es/ca/en)

Mi primer recuerdo de Miguel, mi padre, me lleva al lavabo de la planta baja del carrer Sant Llorenç donde de pie me cantaba mientras secaba mis manos dedo a dedo, siendo yo una cría. La canción la he olvidado como tantas cosas de mi pasado pero queda un recuerdo alegre y brillante. A Miguel le encantaban los niños y aún hoy hay adultos que mencionan los regalos que les hizo de pequeños.

 

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Miguel Camps Cardell, Alzira, 1926
Nacido en Alzira (la Ribera Alta, València), Miguel era el segundo de seis hermanos, su padre, Salvador, era médico y Margarita, la madre, había sido empresaria hasta su matrimonio. Los bisabuelos Miguel Cardell Arbona y Antonia Garau Vicens, originarios de Sóller (Illes Balears), eran comerciantes de productos agrícolas como naranjas e higos secos en España, además de otros países europeos, y llegaron a tener almacenes propios en Marsella y Letor (Francia).

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Confección de cajitas de higos secos para Francia en Sóller, 1916. A la derecha, Margarita Cardell Garau y su padre, Miguel Cardell Arbona, entre ambos, la senyora Pepica.
La familia vivía a caballo entre Sóller y Alzira donde se conocieron Margarita y Salvador. Me contaba Toñita Camps Cardell que su tío José Camps España era el escribiente de Miguel, su abuelo, y al caer enferma de tifus Margarita les recomendó a su hermano médico. Sin duda Salvador se enamoró nada más verla pues le prohibió escribir porque si se incorporaba no se curaría. Años más tarde le confesaría que en realidad quería evitar que le escribiese al novio de Sóller, Guillermo. No puedo haber sido fácil la vida con un hombre tan celoso, era un bellezón Margarita y muy inteligente, hablaba y escribía el francés con soltura aunque no entiendo por qué no se lo transmitió a sus hijos. Al parecer entre mis antepasados de las islas un estraperlista perdió mucho dinero al quedar su barco cargado de pescado bloqueado en el embargo comercial de Francia. El bisabuelo José Camps Reynot tenía una farmacia en la plaça Major de Alzira y de la bisabuela Rosa España Bría desafortunadamente nada más conozco.

Mi tía Rosa Antonia Camps Cardell me contó que siendo pequeño Miguel un día regresó de la escuela sin zapatos y al preguntarle la tata Mercedes ‑cuyo nombre llevo‑ por ellos le contestó que se los había dado a un gitanet que no en tenia cap i allí hi havia un armari ple (un gitanillo que no tenía y allí tenían un armario lleno). Toda su vida mostró su generosidad con los demás, como aquel empleado al que le hizo un gran préstamo acordado con un simple apretón de manos o el agricultor del pueblo vecino que no dejaba de tomar prestada su maquinaria de tractores.

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Orla de titulados en Veterinaria de Zaragoza, 1956
Miguel estudió Veterinaria en Zaragoza, ciudad con la que mantuvo un nexo especial y que año tras año visitaría por la Feria de la Maquinaria Agrícola, al que más de una vez acompañé, entretenida en el largo viaje de vuelta en el Citroën ‑su marca de coches favorita‑ de turno con un surtido de dulces como aquellos durísimos adoquines del Pilar.

Recuerdo a mi padre contar que tras aprobar las oposiciones hacia 1957, cometió un error al ordenar sus preferencias para la plaza de veterinario público titular entre Alacant, Castelló y València. Miguel terminó en Benilloba, donde conocería a Esther y ya nunca quiso deshacer el entuerto para mudarse al Norte. Se casaron en la iglesia Sant Agustí de València, él con 35 años de edad, y ella, una preciosa joven de 21 que todos me aseguran siempre estuvo enamoradísima de su Miguel. A su temprana muerte, su esposo tiró adelante con sus cuatro hijos, como bien supo y con las mejores intenciones, no lo dudo.

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Esther y Miguel frente a su hogar del carrer Sant Joan, 1 de Benilloba, 1961
Ocupó plazas temporales en otras poblaciones como Navarrés antes de convertirse en Veterinario Titular de trece pueblos: Alcoleja, Balones, Benasau, Benifallim, Benilloba, Benimassot, Fageca, Famorca, Gorga, Millena, Penàguila, Quatretondeta y Tollos. No debía ser simple desplazarse todo el año por las “carreteras” llenas de piedras en moto con el pesado material a cuestas, entre los objetos que decoran mi casa está su Roa. No recuerdo quién me contó que los abuelos de Alzira vinieron a conocer el pueblo de Esther Herrero Doménech, su nuera, y tras salir del coche Salvador les espetó a su nueva familia política si em perd, ací no em busqueu (si me pierdo, no me busquéis aquí). El carácter brusco de Miguel, que también luzco a veces, igualmente tenía un referente paterno para él.

Salvo el domingo, cualquier persona podía acercarse a casa a preguntar por él para que tratase todo animal doméstico, desde mulas y caballos hasta cabras, ovejas, cerdos, vacas, gallinas, perros, gatos, etc. Hoy me recordaba mi tía Carmencín, prima hermana de mi madre, que cuando venían al pueblo desde Madrid Maximino, su marido, se lo pasaba estupendamente acompañando a Miguel, a quien consideraba el mejor veterinario nunca conocido, en sus visitas a domicilio. Me he puesto a pensar en las campañas anuales de vacunación a perros y ovejas ‑y qué moratones hacían, las brutas‑. Incluso se convirtió en el veterinario del famoso Safari Aitana de Penáguila, qué suerte tuvimos los niños cuando pienso en las aventuras que corrimos allí con él y la familia de Sevila, sus propietarios.

Cèlia Ibáñez Miró ha generosamente compartido conmigo sus memorias familiares y me decía que tras llegar a este pueblo Miguel se hospedaba en una habitación que daba al carrer Major de la Fonda del Rosari que llevaba su tía, Joaquina Ripoll Bonet. Su salón hacia el carrer Sant Jaume era el lugar por excelencia de Benilloba para las tertulias y allí se hospedaban todos los visitantes desde el electricista hasta los representantes comerciales de turno. Posteriormente viviría en el número 13 del carrer Sant Joan, justo al lado de la casa de sus amigos Marta y Ginés. Los hermanos Ginés y Pepito fueron compañeros de Miguel en el colegio de franciscanos La Concepción en Ontinyent, junto a Jesús de Beniarrés y nunca perdieron dicha amistad. Junto a otros veterinarios ayudó a a fundar la empresa de piensos y cría de animales Uvesa que recientemente ha cumplido los cincuenta años de historia. A su actividad veterinaria sumó la empresarial pues en la década de los 80 se convirtió en el gerente de El Moro, posteriormente Sucesores de Joaquín Herrero o Benlux. La mayor empresa textil que ha tenido Benilloba fue fundada por los hermanos Vicente y Joaquín Herrero García (tío abuelo y abuelo míos, respectivamente) que gracias a su amplio centenar de trabajadores llegó a facturar más de 2 000 millones de ptas./año. Cerró sus puertas en 2006 tras una deplorable gestión y la forzada descapitalización empresarial en beneficio de La Estambrera de Alcoy.

Una búsqueda en internet me trae ciertas sorpresas pues en 1993 Miguel se convirtió en el socio 285 de la Asociación de Amigos del Museo de la Huerta de Alcantarilla (Murcia), adonde le llevó su amistad con Carlos Peidró Llácer, el Tomacó. Recuerdo ahora que hablaba del interesante mundo de aperos y útiles de labranza que encontró en tierras murcianas. Le encantaba todo lo relacionado con el campo y no conocía de vacaciones pues su tiempo libre lo dedicaba a trabajar las masías de los abuelos Herrero Doménech en Benilloba, Gorga y Muro de l’Alcoi. Los nietos no nos librábamos tampoco y, al igual que antaño Miguel, también salíamos de noche a recoger fruta en pleno verano ‑de ahí el odio a los melocotones que ya he logrado superar‑, tareas agrícolas que recaían en mayor grado en els hereus (los herederos) que por otra parte y al igual que sus progenitores no recuerdo contribuyesen a la gestión cotidiana del hogar. Su nombre aparece también en un listado de los primeros cien suscriptores a una edición numerada de una obra sobre Azorín del diario ABC y asimismo en una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana de 1996 que desestimó el recurso presentado sobre el abono de los trienios devengados como veterinario titular.

Cuando revisé mi selección de artículos publicados en el Programa de Fiestas de Benilloba para compartirlos en esta página web, descubrí que en 1979 Miguel había formado parte de una comisión de administración de las obras del nuevo Pou d’aigua de Benilloba, ubicado en el barranc de Penelles. También se integró en la asociación ciudadana creada contra el proyecto liderado por la Generalitat Valenciana, el Ayuntamiento de Alcoy y la empresa Vaersa para construir un vertedero, un planta de compostaje y otra de transferencia en la finca el Regadiu, ubicada en el término municipal de Alcoy aunque a escasos 2 km del pueblo de Benifallim, consecuentemente próxima a Benilloba y Penáguila.

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Más de 500 personas se manifestaron en contra por las calles de Benilloba, 25 de sept. 1994 (www.benilloba.net)
La Comissió Gestora de la Associació Pro Defensa de la Vall del Serpis de Benilloba estaba liderada por Josep Julià Serra, entre sus miembros: José A. Reig Monllor, José Luis Olcina Crespo, Luisa Font Silvestre, Enrique Climent Sirvent, Miguel Camps Cardell y Alejandro Barrachina Doménech. Mucho le debemos los habitantes presentes de estas colinas y sierras a estos luchadores que, junto a vecinos y políticos bienpensantes, dedicaron su tiempo y energía ‑dinero seguro que también‑ a proteger nuestro paisaje de la imposición de la basura producida en poblaciones mayores. Una lucha que como cuentan los formidables cronistas de www.benilloba.net ya tuvo un embate por el alcalde Ricardo Reig a principios de la década de los 1970.

 

Me enorgullezco de haber seguido los pasos cívicos de mi padre y desde 2005 en la Coordinadora d’Estudis Eòlics del Comtat contribuyo activamente a la defensa de nuestro entorno frente al proyecto irracional de instalar tres centrales eólicas en las sierras vecinas de Almudaina y Alfaro o la descabezada idea de colocar en 2014 una planta de procesamiento de aguas de depuradora en el término municipal de Penàguila a pocos km. de Benifallim y Benilloba, entre otros.

He heredado otros rasgos de Miguel como su firme ética y cada día llevo peor las palabras necias aunque mucho trecho me queda hasta alcanzar su grado de franqueza, posiblemente facilitado por el hecho de haber sido una de las fuerzas vivas de este pueblo. Nuestra relación no fue fácil, un padre estricto a la vieja usanza que no aceptaba desafíos a su autoridad y yo, una joven rebelde que no lograba respirar en ese entorno, y siendo una veinteañera acabé por dejar atrás mi familia, mis estudios y mi tierra para mudarme a Bélgica donde viví, trabajé y disfruté de lo lindo durante más de siete años.

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Carta de mi padre, recordatorio de costumbres familiares, diciembre de 1992

En 1998 al plantearme mi carrera profesional me di cuenta que si aceptaba otro reto allí ya no regresaría nunca a mi país y acabé por decidir empezar de nuevo aquí. Esta decisión supuso una especie de hecatombe en mi vida profesional, el grupo de amigos que me acompañaban, las actividades culturales que desarrollaba y acabé por reinventarme de nuevo ‑en ello estoy aún…‑ Ahora bien, mi mudanza de Bruselas a Benilloba nos dio a Miguel y a mí la oportunidad de construir una relación nueva, de adulto a adulto, y no me arrepiento un milímetro de aquella decisión.

Vivíamos en calles diferentes de un mismo pueblo, teníamos pocas o muchas cosas en común: una charla tras el trabajo, las comidas del fin de semana y la lectura a dos bandas bajo su retrato con Esther, él, Las Provincias, yo, El País. Hablamos bastante, nunca lo suficiente para llenar una vida, él era un liberal de buena familia que aceptaba con la ceja levantada mis ideales de izquierdas para cambiar el mundo. Era un padre distante que a veces mostraba su gran aprecio como sus palabras de una tarde, estaba orgulloso de mí, acababan de entrevistarme en la radio, yo tenía 28 años. Tiempo después en una reunión familiar se planteó el posible desarrollo urbanístico de una masía al que yo me negué en redondo y recuerdo sus palabras: cuidad de la menuda que es inteligente pero no lista. Me conocía bien, mi padre.

Una tarde de abril de 2006 insistió en mostrarme unos documentos importantes y horas después sufriría un ictus que le llevó al coma para después privarle de sus movimientos, poco a poco con gran voluntad fue recuperándose pero los ataques no cesaron. Un día negro me percaté que ya no tendría el consejo de mi padre que, tras una larga vida independiente, se había convertido en un anciano y ahora necesitaba de otros: Esther Ferrándiz, que tan bien le cuidó durante más de siete años y Madi, la joven rumana que se prestó a entrar en nuestra casa cuando nadie más respondió a mis anuncios, a quien Miguel leía poesías de Antonio Machado. Esos cortos meses ‑a él no le gustaba molestar‑ crearon un lazo especial entre nosotras tres. Día tras día yo seguía leyendo a su lado aunque ya no era necesario hablar. Unos días antes de fallecer, arrancó el bombo de la escuadra mora del Castell junto a su ventana y Miguel ni se inmutó, continuó durmiendo, espero que soñando con su adorada Esther, su hermano mayor Salvador y sus padres que seguro le esperaban al otro lado.

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Mercedes y Miguel, Bruselas, años 90.
La menuda

Benilloba, agosto de 2017

 


 

Os estoy muy agradecida por vuestras 190 visitas ya a este homenaje a Miguel. Por favor, no dejes de compartir tus propios recuerdos, más abajo encontrarás la pestaña “comentarios”. Gracias. / Us estic molt agraïda per les vostres 190 visites ja a este homenatge a Miguel. Per favor, no deixes de compartir els teus propis records, més a baix trobaràs la pestanya “comentaris”. Gràcies./ I am very grateful for your already 190 visits to this tribute to Miguel. Please share your own memories,  below you will find the “comentarios” box. Thank you.

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(ca)

Miguel Camps Cardell, mon pare

El meu primer record de Miguel, mon pare, em porta al lavabo de la planta baixa del carrer Sant Llorenç on plantat em cantava mentre m’assecava les mans dit a dit, sent jo una cria. La cançó l’he oblidat com a tantes coses del meu passat però queda un record alegre i brillant. A Miguel li encantaven els xiquets i encara hui hi ha adults que anomenen els regals que els hi va fer de menuts.

 

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Miguel Camps Cardell, Alzira, 1926
Nascut a Alzira (la Ribera Alta, València), Miguel era el segon de sis germans, el seu pare, Salvador, era metge i Margarita, la mare, havia sigut empresària fins al seu matrimoni. Els besiaios Miguel Cardell Arbona i Antonia Garau Vicens, originaris de Sóller (Illes Balears), eren comerciants de productes agrícoles com a taronges i figues seques a Espanya, a més d’altres països europeus, i van arribar a tenir magatzems propis a Marsella i Letor (França).

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Confecció de caixetes de figues seques per a França en Sóller, 1916. A la dreta, Margarita Cardell Garau i son pare, Miguel Cardell Arbona, entre ells, la senyora Pepica.
La família vivia a cavall entre Sóller i Alzira on es van conèixer Margarita i Salvador. M’explicava Toñita Camps Cardell que son tio José Camps Espanya era l’escrivent de Miguel, el seu iaio, i, en caure malalta de tifus Margarita, els va recomanar al seu germà metge. Sens dubte Salvador es va enamorar res més veure-la, li va prohibir escriure perquè, si s’incorporava, no es guariria. Anys més tard li confessaria que en realitat volia evitar que li escriguera al nóvio de Sóller, Guillermo. No puc haver sigut fàcil la vida amb un home tan gelós, era una bellesa Margarita i molt intel·ligent, parlava i escrivia el francés amb soltesa encara que no entenc per què no li’l va transmetre als seus fills. Pel que sembla entre els meus avantpassats de les illes un estraperlista va perdre molts diners en quedar el seu vaixell carregat de peix bloquejat en l’embargament comercial de França. El besiaio José Camps Reynot tenia una farmàcia en la plaça Major d’Alzira i de la besiaia Rosa Espanya Bría desafortunadament res més conec.

La meua tia Rosa Antonia Camps Cardell em va explicar que sent xicotet Miguel un dia va tornar de l’escola sense sabates i en preguntar-li per ells la tata Mercedes ‑ el nom de la qual porte ‑ li va contestar que li’ls havia donat a un gitanet que no en tènia cap i allí hi havia un armari ple. Tota la seua vida va mostrar la seua generositat amb els altres, com aquell empleat a qui li va fer un gran préstec acordat simplement amb les mans o l’agricultor del poble veí que no deixava de amprar la seua maquinària de tractors.

 

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Orla de titulados en Veterinaria de Zaragoza, 1956
Miguel va estudiar Veterinària a Saragossa, ciutat amb la qual va mantenir un nexe especial i que any rere any visitaria per la Fira de la Maquinària Agrícola, al que més d’una volta vaig acompanyar, entretinguda en el llarg viatge de tornada en el Citroën ‑la seua marca de cotxes favorita‑ del moment amb un assortiment de dolços com aquells duríssims adoquines del Pilar.

Record al meu pare explicar que després d’aprovar les oposicions cap a 1957, va cometre un error en ordenar les seues preferències per a la plaça de veterinari públic titular entre Alacant, Castelló i València. Miguel va acabar a Benilloba, on coneixeria a Esther i ja mai va voler desfer la malifeta per a mudar-se al Nord. Es van casar en l’església Sant Agustí de València, ell amb 35 anys, i ella, una preciosa jove de 21 que tots m’asseguren sempre va estar enamoradíssima del seu Miguel. A la seua prematura mort, el seu espòs va tirar avant amb els seus quatre fills, com bé va saber i amb les millors intencions, no ho dubte.

 

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Esther i Miguel frente a su hogar del carrer Sant Joan, 1 de Benilloba, 1961

Va ocupar places temporals en altres poblacions com Navarrés abans de convertir-se en Veterinari Titular de tretze pobles: Alcoleja, Balones, Benasau, Benifallim, Benilloba, Benimassot, Fageca, Famorca, Gorga, Millena, Penàguila, Quatretondeta i Tollos. No havia de ser simple desplaçar-se amb moto tot l’any per les “carreteres” plenes de pedres amb el pesat material a coll, entre els objectes que decoren la meua casa està la seua Roa. No recorde qui em va explicar que els iaios d’Alzira van venir a conéixer el poble d’Esther Herrero Doménech, la seua nora, i després d’eixir del cotxe Salvador els va soltar a la seua nova família política si em perd, ací no em busqueu. El caràcter brusc de Miguel, que també lluïsc a voltes, igualment tenia un referent patern per a ell.

Excepte diumenge, qualsevol persona podia acostar-se a casa a preguntar per ell perquè tractara tot animal domèstic, des de mules i cavalls fins a cabres, ovelles, porcs, vaques, gallines, gossos, gats, etc. Hui em recordava la meua tia Carmencín, cosina germana de ma mare, que quan venien al poble des de Madrid, Maximino, el seu marit, s’ho passava estupendament acompanyant en les visites a domicili a Miguel, a qui considerava el millor veterinari mai conegut. M’he posat a pensar en les campanyes anuals de vacunació a gossos i ovelles ‑i quines blaüres feien, les brutes‑. Fins i tot es va convertir en el veterinari del famós Safari Aitana de Penáguila, quina sort vam tenir els xiquets quan penso en les aventures que vam córrer allí amb ell i la família de Sevila, els seus propietaris.

Cèlia Ibáñez Miró ha generosament compartit amb mi les seues memòries familiars i em deia que després d’arribar a aquest poble Miguel s’allotjava en una habitació que donava al carrer Major de la Fonda del Rosari que portava la seua tia, Joaquina Ripoll Bonet. El seu saló cap al carrer Sant Jaume era el lloc per excel·lència de Benilloba per a les tertúlies i allí s’allotjaven tots els visitants des de l’electricista fins als representants comercials de torn. Posteriorment viuria en el número 13 del carrer Sant Joan, just al costat de la casa dels seus amics Marta i Ginés. Els germans Ginés i Pepito van ser companys de Miguel en el col·legi de franciscans La Concepció a Ontinyent, al costat de Jesús de Beniarrés i mai van perdre aquesta amistat. Al costat d’altres veterinaris va ajudar a fundar l’empresa de pinsos i cria d’animals Uvesa que recentment ha complit els cinquanta anys d’història. A la seua activitat veterinària va sumar l’empresarial i en la dècada dels 80 es va convertir en el gerent de El Moro, posteriorment Successors de Joaquín Herrero o Benlux. L’empresa tèxtil més gran que ha tingut Benilloba va ser fundada pels germans Vicente i Joaquín Herrero García (els meus tio-iaio i iaio, respectivament) que gràcies al seu ampli centenar de treballadors va arribar a facturar més de 2 000 milions de ptes./any. Va tancar les seues portes en 2006 després d’una deplorable gestió i la forçada descapitalització empresarial en benefici de La Estambrera d’Alcoi.

Una recerca en internet em porta certes sorpreses, en 1993 Miguel es va convertir en en el soci 285 de la Asociación de Amigos del Museo de la Huerta de Alcantarilla (Múrcia), on li va portar la seua amistat amb Carlos Peidró Llácer, el Tomacó. Recorde ara que parlava de l’interessant món d’eines de conreu que va trobar en terres murcianes. Li encantava tot el relacionat amb el camp i no coneixia de vacances així que el seu temps lliure ho dedicava a treballar els  masos dels iaios Herrero Doménech a Benilloba, Gorga i Muro de l’Alcoi. Els néts no ens lliuràvem tampoc i, igual que antany Miguel, també eixíem de nit a arreplegar fruita en ple estiu ‑aquell odi a les bresquilles que ja he aconseguit superar‑, tasques agrícoles que requeien en major grau en els hereus que d’altra banda, igual que els seus progenitors, no recorde contribuïren a la gestió quotidiana de la casa. El seu nom apareix també en un llistat dels primers cent subscriptors a una edició numerada d’una obra sobre Azorín del diari ABC i així mateix en una sentència del Tribunal Superior de Justícia de la Comunitat Valenciana de 1996 que va desestimar el recurs presentat sobre l’abonament dels triennis reportats com a veterinari titular.

Quan vaig revisar la meua selecció d’articles publicats en Programa de Festes de Benilloba per a compartir-los en esta pàgina web, vaig descobrir que en 1979 Miguel havia format part d’una comissió d’administració de les obres del nou Pou d’aigua de Benilloba, situat en el barranc de Penelles. També es va integrar en l’associació ciutadana creada contra el projecte liderat per la Generalitat Valenciana, l’Ajuntament d’Alcoi i l’empresa Vaersa per a construir un abocador, un planta de compostatge i una altra de transferència en la finca el Regadiu, situada en el terme municipal d’Alcoi encara que a escassos 2 km del poble de Benifallim, conseqüentment pròxima a Benilloba i Penàguila.

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Més de 500 persones es van manifestar en contra pels carrers de Benilloba, 25 set. 1994 (www.benilloba.net)
La Comissió Gestora de la Associació Pro Defensa de la Vall del Serpis de Benilloba estava liderada per Josep Julià Serra, entre els seus membres: José A. Reig Monllor, José Luis Olcina Crespo, Luisa Font Silvestre, Enrique Climent Sirvent, Miguel Camps Cardell i Alejandro Barrachina Doménech. Molt li devem els habitants presents d’estos tossals i serres a estos lluitadors que, al costat de veïns i polítics benpensants, van dedicar el seu temps i energia ‑diners segurs que també‑ a protegir el nostre paisatge de la imposició de la brossa produïda en poblacions majors. Una lluita que com expliquen els formidables cronistes de www.benilloba.net ja va tenir un embat per l’alcalde Ricardo Reig a principis de la dècada dels 1970.

Estic orgullosa d’haver seguit els passos cívics de mon pare i des de 2005 en la Coordinadora d’Estudis Eòlics del Comtat contribuïsc activament a la defensa del nostre entorn enfront del projecte irracional d’instal·lar tres centrals eòliques en les serres veïnes d’Almudaina i Alfaro o la descervellada idea de col·locar en 2014 una planta de processament d’aigües de depuradora en el terme municipal de Penàguila a pocs km de Benifallim i Benilloba, entre altres pobles.

He heretat altres trets de Miguel com la seua ètica ferma i cada dia porte pitjor les paraules nècies encara que molt tros em queda fins a aconseguir el seu grau de franquesa, possiblement facilitat pel fet d’haver sigut una de les forces vives d’este poble. La nostra relació no va ser fàcil, un pare estricte a la manera antiga que no acceptava desafiaments a la seua autoritat i jo, una jove rebel que no aconseguia respirar en eixe entorn, i a vint anys vaig acabar per deixar arrere la meua família, els meus estudis i la meua terra per mudar-me a Bèlgica on vaig viure, vaig treballar i vaig gaudir un fum durant més de set anys.

 

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Carta de mon pare, recordatori dels costums familiars, desembre 1992

En 1998 en plantejar-me la meua carrera professional em vaig adonar que, si acceptava un altre repte allí, ja no tornaria mai al meu país i vaig acabar per decidir començar de nou ací. Esta decisió va suposar una espècie de cataclisme en la meua vida professional, el grup d’amics que m’acompanyaven, les activitats culturals que desenvolupava i vaig acabar per reinventar-me de nou ‑en açò estic encara…‑ Ara bé, la meua mudança de Brussel·les a Benilloba ens va donar a Miguel i a mi l’oportunitat de construir una relació nova, d’adult a adult, i no em penedisc un mil·límetre d’aquella decisió.

Vivíem en carrers diferents d’un mateix poble, teníem poques o moltes coses en comú: una xarrada després del treball, els menjars del cap de setmana i la lectura a dues bandes sota el seu retrat amb Esther, ell, Las Provincias, jo, El País. Parlem bastant, mai prou per a omplir una vida, ell era un liberal de bona família que acceptava amb la cella alçada els meus ideals d’esquerres per canviar el món. Era un pare distant que a voltes mostrava la seua gran estima com les seues paraules una vesprada, estava orgullós de mi, acabaven d’entrevistar-me en la ràdio, jo tenia 28 anys. Temps després en una reunió familiar es va plantejar el possible desenvolupament urbanístic d’una masia al que jo em vaig negar en redó i record les seues paraules: cuidad de la menuda que es inteligente pero no lista. Em coneixia bé, el meu pare.

 

Una vesprada d’abril de 2006 va insistir a mostrar-me uns documents importants i hores després patiria un ictus que li va portar al coma per a després privar-li dels seus moviments, a poc a poc amb gran voluntat va ser recuperant-se però els atacs no van cessar. Un dia negre em vaig adonar que ja no tindria el consell de mon pare que, després d’una llarga vida independent, s’havia convertit en un ancià i ara necessitava altres: Esther Ferrándiz, que tan bé el va cuidar durant més de set anys i Madi, la jove romanesa que es va prestar a entrar en la nostra casa quan ningú més va respondre als meus anuncis, a qui Miguel llegia poesies d’Antonio Machado. Eixos curts mesos ‑a ell no li agradava molestar‑ van crear un llaç especial entre nosaltres tres. Dia rere dia jo seguia llegint al seu costat encara que ja no era necessari parlar. Uns dies abans de morir, va arrancar el bombo de l’esquadra mora del Castell al costat de la seua finestra i Miguel ni es va immutar, va continuar dormint, espere que somiant amb la seua adorada Esther, el seu germà major Salvador i els seus pares que segur li esperaven a l’altre costat.

 

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Mercedes i Miguel, Brussel·les, anys 90
La menuda

Benilloba, agost 2017

 


 

(en)

Miguel Camps Cardell, my father

My first memory of Miguel, my father, takes me to the bathroom on the ground floor at carrer Sant Llorenç. Standing up he sang to me, a young child, while drying my hands, one finger at a time. As many things from my past, I have forgotten the song but it remains a joyful and bright recollection. Miguel loved children and even today there are adults who mention the gifts they received as kids.

 

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Miguel, Alzira, 1926

Born in Alzira (la Ribera, València), Miguel was the second of six siblings, his father, Salvador, was a doctor and Margarita, the mother, had been an entrepreneur until their marriage. The great-grandparents Miguel Cardell Arbona and Antonia Garau Vicens, originally from Sóller (Illes Balears, Balearic Islands), were traders of agricultural products such as oranges and dried figs in Spain as well as other European countries, and came to own warehouses in Marseilles and Letor (France).

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Making boxes of dried figs for France at Sóller, 1916. On the right hand side, Margarita Cardell Garau and his father, Miguel Cardell Arbona, between them, la senyoreta Pepica.

The family lived between Sóller and Alzira where Margarita and Salvador met. Toñita Camps Cardell told me that his uncle Jose Camps España was grandfather Miguel’s scribe and when Margarita fell ill with typhus he recommended his brother, a doctor. Surely, Salvador fell in love at the sight of her, for he forbade her to write because she would not be cured if she sat up. Years later he would confess to her that he really wanted to prevent her from writing to Guillermo, her boyfriend at Sóòller. Life could not have been easy with such a jealous man, Margarita, a beauty, was very intelligent, spoke and wrote French fluently, though I do not understand why she did not pass it on to her children. Apparently among my ancestors on the islands a blackmarketeer lost a lot of money when his boat loaded with fish was blocked in the commercial embargo of France. Great-grandfather José Camps Reynot had a pharmacy in the plaça Major de Alzira and of great-grandmother Rosa España Bría unfortunately I know nothing else.

Aunt Rosa Antonia Camps Cardell told me that when Miguel was little one day he returned from school without shoes and when asked by tata Mercedes ‑whose name I bear‑ he answered that he had given them to “un gitanet que no en tenia cap i allí hi havia un armari ple” (a young gypsy that did not have any and here we have a full closet). All his life he showed his generosity to others, like that employee who borrowed a large sum, agreed with a simple handshake, or the farmer of the neighboring town who did not stop borrowing machinery from his tractors.

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Orla de titulados en Veterinaria de Zaragoza, 1956
Miguel studied Veterinary Medicine at Zaragoza, a city with which he had a special  connection. Year after year he would visit the Agricultural Machinery Fair. More than once he took me along, in the long trip drive back in the Citroën ‑his favourite car brand‑ entertained with an assortment of sweets like those stone-hard “adoquines del Pilar”.

I remember my father telling me that after getting through the open competition exams towards 1957, he made a mistake in selecting his preferences for the post of public veterinarian between Alacant, Castelló and València. Miguel ended up in Benilloba, where he would meet Esther and never again wanted to undo that step and move North. They married in the church Sant Agustí of València, he was 35 years old, and she, a beautiful young woman of 21 that all assure me was always in love with his Miguel. At her early death, her husband pushed himself forward with his four children, as best as he could and with the best intentions, no doubt about it.

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Esther and Miguel in front of their home at carrer Sant Joan, 1 of Benilloba, 1961
Miguel held temporary posts in other towns like Navarrés before becoming official veterinarian of thirteen towns: Alcoleja, Balones, Benasau, Benifallim, Benilloba, Benimassot, Fageca, Famorca, Gorga, Millena, Penàguila, Quatretondeta and Tollos. It should not be simple to travel all year round the “roads” full of stones on a motorbike with heavy material on the back, his Roa is among the objects that decorate my house. I do not remember who told me that my grandparents drove from Alzira to discover the town of Esther Herrero Doménech, their daughter-in-law. After getting out of the car Salvador said to his new political family “si en perd, ací no em busqueu” (if I get lost, do not look for me here). The abrupt trait of Miguel, that myself I show sometimes, also had a paternal referent for him.

Except on Sundays, anyone could come to our home and ask for him to treat every domestic animal, from mules and horses to goats, sheep, pigs, cows, chickens, dogs, cats, etc. Today, my aunt Carmencín, my mother’s cousin, reminded me that when they came to the town from Madrid Maximino, her husband, had a great time accompanying Miguel, whom he considered to be the best veterinarian ever known, in his home calls. It just came to my mind the annual vaccination campaigns for dogs and sheep ‑and what bruises did they cause, the brute ones‑. Miguel even became the veterinarian of the famous Safari Aitana at Penáguila. Us children were very lucky, I am thinking of the adventures we had there with him and the Sevila family, the owners.

Cèlia Ibáñez Miró has generously shared some of her family memories. Among them, after his arrival to this village Miguel stayed at a room looking to the carrer Major at the Fonda del Rosari run by her aunt, Joaquina Ripoll Bonet. Its lounge opening out to the carrer Sant Jaume was Benilloba’s best place for get-togethers where all visitors were lodged from the hired electrician to the sales representatives in town. Afterwards he would live at carrer Sant Joan, 13, right next to the house of his friends, Marta and Ginés. The brothers Ginés and Pepito were companions of Miguel in the Franciscan school La Concepción at Ontinyent, also Jesús from Beniarrés, and they never lost this friendship. Along with other veterinarians he helped to found Uvesa, a company of animal feed and animal production that recently celebrated 50 years of existence. To his veterinary activity, he added entrepeneurial management as in the 1980s Miguel became General Director of El Moro, subsequently Sucesores de Joaquín Herrero or Benlux. The biggest textile industry Benilloba ever had was founded by the brothers Vicente and Joaquín Herrero García (my great-uncle and grandfather, respectively). Its large workforce, more than a hundred employees, strived to achieve a turnover beyond 2,000 million ptas. / year. It closed its doors in 2006 after wretched management and a forced business decapitalisation for the benefit of La Estambrera at Alcoy.

An internet search surprised me as in 1993 Miguel became member no. 285 of the Asociación de Amigos del Museo de la Huerta de Alcantarilla (Murcia), led by his friendship with Carlos Peidró Llácer, el Tomacó. I remember now that he talked about the interesting world of tillage implements and tools that he had found in Murcia. He loved everything about farming and knew no holidays because his free time was spent labouring in the farmhouses of the Herrero Doménech grandparents in Benilloba, Gorga and Muro de l’Alcoi. Us grandchildren were not free either and, like Miguel, we also got up in the early hours to pick up fruit in the middle of summer ‑hence my dislike of peaches that I have managed to overcome‑. Agricultural tasks fell more heavily on els hereus (male heirs) but on the other hand and like their sires I do not remember they contributed to the household’s daily management. Miguel’s name also appears in a list of the first hundred subscribers to a numbered edition of Azorín works from the daily ABC and also in a 1996 sentence by the Superior Court of Justice of the Valencian Community that rejected the appeal presented on the payment of the triennia earned as official veterinarian.

When I was reviewing the articles published in the Programa de Fiestas de Benilloba in order to share them on this website, I discovered that in 1979 Miguel had been part of a works management commission of the new Benilloba’s Pou d’aigua (water well), located in the Barranc of Penelles. Also he joined the citizen association created against the project led by the Generalitat Valenciana, the City council of Alcoy and the company Vaersa to construct a landfill, a plant of composting and another one of transference in the property el Regadiu, located in the municipal term of Alcoy although only 2 km away from of the town of Benifallim, consequently next to Benilloba and Penáguila.

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More than 500 personas demonstrated against the project on Benilloba’s streets, Sept. 25th 1994 (www.benilloba.net)
The Managing Committe of the Associació Pro Defensa de la Vall del Serpis de Benilloba (Benilloba’s Association for the Defense of the Vall del Serpis) was led by Josep Julià Serra. Among its members: José A. Reig Monllor, José Luis Olcina Crespo, Luisa Font Silvestre, Enrique Climent Sirvent, Miguel Camps Cardell and Alejandro Barrachina Doménech. The present inhabitants of these hills and ranges owe a great deal to these fighters that, together with well-meaning neighbours and politicians,spent time and energy  ‑for sure money too‑ to protect our landscape from the imposition of rubbish produced in larger towns. A struggle that, as the formidable chroniclers of www.benilloba.net relate, had a previous bout by Mayor Ricardo Reig in the early 1970s.

I am proud to have followed in my father’s civic footsteps and since 2005 at the Coordinadora d’Estudis Eòlics del Comtat I have been actively helping to protect our environment from the the senseless project to install three wind power plants on the neighbouring ranges of Almudaina and Alfaro. Also, I have worked against the witless idea to build in 2014 a sewage water treatment plant in the municipality of  Penàguila, just a few km from Benifallim and Benilloba, among other towns.

I have inherited other traits from Miguel, like his firm morality. With every passing day, I also have less patience with fools though I am still a long way from his degree of frankness, possibly aided by the fact he belonged to the fuerzas vivas (prime movers) of this village. Ours was not an easy relationship, a very strict old-fashioned father who could not stand his authority being challenged, facing a young rebel that found such environment hard to breath in. In my twenties I ended up leaving behind my family, studies and homeland and moving to Belgium where I lived, worked and had a whale of a time for over seven years.

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A letter from my father, a reminder of our family’s traditions, December 1992
 

In 1998 as I was considering my professional career I came to realise that undertaking another work challenge there would imply never returning to my country and I decided to start over here. Such decision brought havoc to my professional life, the circle of friends around me and the cultural activities I used to develop. I ultimately re-branded myself ‑still at it…‑ However, my move from Brussels to Benilloba gave Miguel and me the opportunity to build a new relationship, adult to adult, and I have no regrets whatsoever about that decision.

We lived in different streets on the same village, we had a few or many things in common: a chat after work, meals during the weekend and the two of us reading under his portrait with Esther, him, Las Provincias, myself, El País. We spoke a lot, never enough to make up for a life, he was a liberal from a good family that accepted, with a raised eyebrow, my left-wing ideas to change the world. He was a distant father that sometimes showed his high regard like the words said an afternoon, he was proud of me, I just had a radio interview, 28-years old. Later, we had a family meeting to discuss a possible land development of the farmhouse, myself totally opposed. I remember his words at the end: take care of the menuda (the youngest child), she is intelligent but not smart. He knew me well, my father.

An afternoon of April 2006 he insisted on showing some important documents. Hours later he would suffer a stroke that caused him to fell into a coma and later deprive him of movements, little by little and with great willpower he recovered but the attacks did not cease. One black day I realised that I would no longer have my father’s advice who, after a long independent life, had become an old man and was now the one in need of others: Esther Ferrándiz, who took such good care of him over seven years, and Madi, a young Rumanian woman who was willing to enter our home when nobody else replied to my adds. Miguel would read Antonio Machado’s poetry to her. Those short months ‑he never liked burdening others‑ created a special bond between the three of us. A few days before he passed away, the bass drum of el Castell moor squadron blared by his window and Miguel, undaunted, continued to sleep. I hope he was dreaming with his beloved Esther, his older brother Salvador, and his parents that for sure awaited him on the other side.

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Mercedes and Miguel, Brussels, the 1990s
La menuda

Benilloba, August 2017

 

 

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